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Niña con gato


Soy yo. Esa niña pequeña con gato soy yo.

La miro desde la puerta.

No está Nani, ni Tata, pero soy yo en el patio de Madre Herminia. Un día precioso. La luz, las flores, mi sonrisa mofletuda.

Sola, con ese tigre manso en brazos a la sombra del macizo, hago un alto a la vuelta de la cacería, un descanso triunfal para posar orgullosa con mi pieza.

Sola. Sin miedo. Miro al futuro. Me miro y no reconozco esa madurez que me escudriña, que se asombra del tesón de la inocencia que fue.

Tan lejos esa mujer que me observa desde la puerta. Tibio mi gato sobre el peto, suave. Lo agarré en la huerta y se dejó. Mi gato amarillo, Sultán.

Sola. Y me vuelve la voz de Madre Juana, y su guayaba dulce me inunda la boca. Caña limón y mejorana, zotal y  reina luisa aroman la tarde.

Sola. Flequillo y coletas, calzón de granjera.

La mujer que quise ser.