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Iguazú: Garganta del diablo

Anticipación

Sé de dónde viene el miedo. Lo he estado observando. A mí se me esconde detrás de los ojos, enraizado como un roble viejo, acechante, y, cuando algún temor peregrino me asalta, irriga mi cerebro ese río inmenso, desbordado, mojándome las manos, secándome los ojos; paralizándome. La tragedia. Pero el porvenir no llega nunca, ni se aproxima apenas; queda siempre por venir. Se esfuma el terrible espejismo y, aunque una y mil veces la riada me desborde las tripas, nunca ocurre. Jamás sucede lo imaginado. Porque el miedo viene de detrás de los ojos. De la memoria, donde habita, y, desde allí se anuncia, anticipando el acontecer desconocido que me asola, sin haber sido, cada vez que muero.

El arco iris en mi baño


Cada diciembre durante unos días luce el arco iris en mi baño. Hay que acecharlo. Llega desde el fondo del pasillo; entra por una hendijita de la puerta del jardín hasta la pared,  y avanza despacito hasta perderse en la esquina, de abajo a arriba, desde el oeste al oriente, al revés -ya sabemos por qué-, pero pinta el frío de colorines, y me da por pensar que trae la esperanza, con el calor de la luz, y entonces sé que un día escampará.

Niña con gato


Soy yo. Esa niña pequeña con gato soy yo.

La miro desde la puerta.

No está Nani, ni Tata, pero soy yo en el patio de Madre Herminia. Un día precioso. La luz, las flores, mi sonrisa mofletuda.

Sola, con ese tigre manso en brazos a la sombra del macizo, hago un alto a la vuelta de la cacería, un descanso triunfal para posar orgullosa con mi pieza.

Sola. Sin miedo. Miro al futuro. Me miro y no reconozco esa madurez que me escudriña, que se asombra del tesón de la inocencia que fue.

Tan lejos esa mujer que me observa desde la puerta. Tibio mi gato sobre el peto, suave. Lo agarré en la huerta y se dejó. Mi gato amarillo, Sultán.

Sola. Y me vuelve la voz de Madre Juana, y su guayaba dulce me inunda la boca. Caña limón y mejorana, zotal y  reina luisa aroman la tarde.

Sola. Flequillo y coletas, calzón de granjera.

La mujer que quise ser.

 

Leyendo poesía en El Hierro