El color azul es, Paloma, llegar a casa, cansadas, y meter bajo el grifo las manos; sumergirnos en la mar
y que la ola nos abrace, y abandonarnos al ímpetu del agua. Es el olor de la retama que buscas en primavera. La nariz de Pispa besando tu mano. Azul es cuando leo para ti y saltamos del libro a Delibes, a la Edad de Piedra o a la cocina vasca. Cuando te observo leer con tus dedos, sentada en la arena y la brisa te desordena el pelo. Compartir una manzana en la guagua del viaje que no acaba y que la boca se nos llene de azul.
Hay azul en tu voz cuando cantas, cuando ríes, Paloma. Azul eres tú.
𝘔𝘢𝘳í𝘢 𝘎𝘶𝘵𝘪𝘦́𝘳𝘳𝘦𝘻
Toda la vida negándome a venir y ahora no quiero irme de la isla. Y aquí estoy, metiendo tiempo, dinero y energía en restaurar la casa donde nació el viejo, y a la que jamás pudo regresar, el pobre, sino en una urna de e porcelana, tanto como deseaba volver a disfrutar de sus pagos. Muerto tan lejos y tan solo. Quiero terminarla, acabarla con mis manos, por él y por mi, por la familia. Transitar los caminos y cercados que recorriera en su juventud y sembrar papas y cosechar fruta, tal como hizo. La ubicación es ideal, en un llano junto a la ladera del barranco, entre cercados, con un patio amplio y empedrado, protegido por el paredón bajo, incólume, donde hace mucho tiempo se sentaron mis abuelos a charlar, y antes los suyos, como hago las tardes calmas, sintiendo el aire fresco del barranco; sin nada alrededor que perturbe la quietud, y con unas vistas incomparables. Desde la puerta arranca el mundo, nada entre mis ojos y el horizonte, detrás la montaña, y a los pies el volcán q...

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