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LA SIESTA DEL CARNERO de Ramona Gautier @maria.gutierrez.escritora #libros #blogliterario

Hoy os traigo una novela diferente, valiente y muy necesaria, de esas que no dejan indiferente. Una tierna y apasionada historia de amor entre dos mujeres en Canarias, en 1984. La escritora María Gutiérrez, bajo el seudónimo de Ramona Gautier, se lanza con una novela erótica dedicada al colectivo de mujeres lesbianas. Atrevida, dura y fresca al mismo tiempo, es una historia que, más allá de su componente erótica y su temática lésbica, es profundamente humana, emocional y literaria. Una novela epistolar que me ha sorprendido muchísimo por su sensibilidad, su honestidad… y su fuerza. 📗LA SIESTA DEL CARNERO de Ramona Gautier  @maria.gutierrez.escritora La historia nos traslada a la Canarias de los años 80, un contexto clave que no es solo un escenario: es una época marcada por prejuicios, silencios y una libertad que apenas empezaba a abrirse camino. Y en medio de todo eso… nace una historia de amor. La relación entre Leo y Sara se construye a través de cartas, llenas de confesión, d...
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  tras la curva aparece la palma cimbreándose María Gutiérrez

Trascendencia

  Pardeliando íbamos a fumarnos los petas al descampado del cementerio. Aparcados en el terraplén, entre calada y calada, observábamos cómo el mundo se diluía en la penumbra. Mi amigo Andrés llevaba en el coche un mechero calavera, tamaño real, como la de Hamlet, que su hermano le había traído de Alemania. Cuando se acercaba a prender el porro dos focos rojos, potentes, lo transfiguraban en un espectro encendido que metía miedo; yo me encogía en el asiento y el camposanto se prolongaba hasta la alfombrilla. Se apretaban las sombras y los cipreses y las cruces se iban transformando en figuras extrañas que se estremecían, palpitando entre las columnas brillantes que brotaban de la tierra, y me daba por pensar que eran los muertos que abandonaban sus tumbas y ascendían. Es el fósforo de los osarios, decía mi amigo, la luz de los difuntos, y yo, en la bruma del chocolate, tomaba el cráneo entre las manos como dictó Shakespeare y repetía las palabras de mi abuelo, no somos nada, no somo...

Llueve en La Laguna

Llueve y cuando llueve en La Laguna no te mojas el pelo ni las gafas porque cuando llueve en La Laguna llueve del suelo llueve del revés calladita cala la humedad de la vieja laguna que puja por brotar de nuevo el agua trepa las perneras poquito a poco hasta los labios sin salpicar silenciosa y avanzas ligerita con los pies empapados tras las sotanas San Agustín arriba aterida como perchaba mi abuela por la Calle del Agua. María Gutiérrez
  amanecer  el aliento se funde con la niebla María Gutiérrez

Raíces

  Toda la vida negándome a venir y ahora no quiero irme de la isla. Y aquí estoy, metiendo tiempo, dinero y energía en restaurar la casa donde nació el viejo, y a la que jamás pudo regresar, el pobre, sino en una urna de e porcelana, tanto como deseaba volver a disfrutar de sus pagos. Muerto tan lejos y tan solo. Quiero terminarla, acabarla con mis manos, por él y por mi, por la familia. Transitar los caminos y cercados que recorriera en su juventud y sembrar papas y cosechar fruta, tal como hizo. La ubicación es ideal, en un llano junto a la ladera del barranco, entre cercados, con un patio amplio y empedrado, protegido por el paredón bajo, incólume, donde hace mucho tiempo se sentaron mis abuelos a charlar, y antes los suyos, como hago las tardes calmas, sintiendo el aire fresco del barranco; sin nada alrededor que perturbe la quietud, y con unas vistas incomparables. Desde la puerta arranca el mundo, nada entre mis ojos y el horizonte, detrás la montaña, y a los pies el volcán q...
  tras los cristales  las hojas del guayabo estremecidas María Gutiérrez