Cuando la conocí todavía ejercía. Era una provocadora a la que le gustaba echarse los güisquis en una boca salpicada de dientes de oro y llena de palabras mientras los hombres la miraban, aunque nunca la vi con ninguno en particular. Me encantaba contemplarla, me provocaba una satisfacción que por aquella época no entendía, una curiosidad que se extendía a todo su entorno, tan fascinante me resultaba; por lo que me contrariaba que mi padre y los demás se la comieran con los ojos y fueran criticando más tarde el lenguaje soez del que hacía gala y otros descaros suyos.
Se expandía en el sillón de mimbre de la terraza con el vaso en la mano y las piernas abiertas, mostrando unos muslos deseables aún que yo observaba imaginando los cientos de hombres que los habían sobado, en cola para disfrutarlos de nuevo, y me excitaba.
Fue desde entonces parte de mi universo, una fracción arcana, ya que todos mis esfuerzos detectivescos por desentrañar sus secretos resultaron inútiles. Clara, su sobrina, mi amiga, no soltaba prenda, con lo que en torno a Aurora el misterio se iba haciendo más grande cada día y mi deseo por ella crecía también.
𝘔𝘢𝘳í𝘢 𝘎𝘶𝘵𝘪𝘦́𝘳𝘳𝘦𝘻
Toda la vida negándome a venir y ahora no quiero irme de la isla. Y aquí estoy, metiendo tiempo, dinero y energía en restaurar la casa donde nació el viejo, y a la que jamás pudo regresar, el pobre, sino en una urna de e porcelana, tanto como deseaba volver a disfrutar de sus pagos. Muerto tan lejos y tan solo. Quiero terminarla, acabarla con mis manos, por él y por mi, por la familia. Transitar los caminos y cercados que recorriera en su juventud y sembrar papas y cosechar fruta, tal como hizo. La ubicación es ideal, en un llano junto a la ladera del barranco, entre cercados, con un patio amplio y empedrado, protegido por el paredón bajo, incólume, donde hace mucho tiempo se sentaron mis abuelos a charlar, y antes los suyos, como hago las tardes calmas, sintiendo el aire fresco del barranco; sin nada alrededor que perturbe la quietud, y con unas vistas incomparables. Desde la puerta arranca el mundo, nada entre mis ojos y el horizonte, detrás la montaña, y a los pies el volcán q...

Como todo lo que escribes, genial.
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