Ir al contenido principal

iLa veo!

 



Emerge del bostezo de la bruma y los ojos maguados se me llenan de pejes verdes, de tridentes, y del cuerpo pálido, desnudo, con la espalda erguida, como Neptuno cabalgando sobre una hermosa ballena blanca que se desvanece de nuevo en la neblina.

Cuando la descubrió en el horizonte la reconoció inmediatamente: aquel inmenso valle de nubes escoltado por laderas escarpadas que ascendían en montes frondosos no era La Palma. Gritando su nombre corrió en busca de testigos, pero cuando llegaron a la cubierta la isla no estaba. Sin poder desprenderse de su imagen, dedicó los siguientes 10 años a buscarla, al frío de babor del Oeste en las travesías, o desde el malecón en tierra, escudriñando los celajes, esperándola, hasta que una tarde partió en su busca y la vieron zambullirse en la mar con el brío de la esperanza, y en el mismo punto en el que la había avistado desapareció en las aguas negras.

Me la tropecé la primera vez volviendo de La Gomera, jinete de las olas, corcoveando hacia su guarida de San Borondón o quién sabe si al desafío de los monstruos abisales. Con suerte, quizá la vislumbres en uno de sus paseos y a unas 20 millas N-NO de la Punta de la Rasca en un Parpadeo de la niebla, envuelta en masería.

María Guitérrez

Comentarios

Entradas populares de este blog

Pena de muerte

  La vi por detrás. Como un cuervo vencido se acercaba al macizo de rosas. Apuntó a las flores con la regadera y el agua le empapó las chinelas.⁣ Los perdió a los tres. Murió el viejo y detrás marcharon los hijos. Con los pies mojados cerró la puerta y no volvió a salir.⁣ La mañana que se negó a abandonar la cama marchitaban los rosales que secaron cuando ella dejó de comer. La hallamos fría en el lecho en el que amó y parió, sin enfermedad ni diagnóstico.⁣ La enterramos junto a ellos.⁣ María Gutiérrez

Raíces

  Toda la vida negándome a venir y ahora no quiero irme de la isla. Y aquí estoy, metiendo tiempo, dinero y energía en restaurar la casa donde nació el viejo, y a la que jamás pudo regresar, el pobre, sino en una urna de e porcelana, tanto como deseaba volver a disfrutar de sus pagos. Muerto tan lejos y tan solo. Quiero terminarla, acabarla con mis manos, por él y por mi, por la familia. Transitar los caminos y cercados que recorriera en su juventud y sembrar papas y cosechar fruta, tal como hizo. La ubicación es ideal, en un llano junto a la ladera del barranco, entre cercados, con un patio amplio y empedrado, protegido por el paredón bajo, incólume, donde hace mucho tiempo se sentaron mis abuelos a charlar, y antes los suyos, como hago las tardes calmas, sintiendo el aire fresco del barranco; sin nada alrededor que perturbe la quietud, y con unas vistas incomparables. Desde la puerta arranca el mundo, nada entre mis ojos y el horizonte, detrás la montaña, y a los pies el volcán q...

Procesión

  Sólo traía mojado el volante de la enagua. No se⁣  atrevió la mar a devorarla.⁣ Ellas habían visto, desde el borde del acantilado,⁣  cómo flotaba sobre las aguas, a la deriva, erguida en⁣  su falda soplada de viento, amapola volteada por las⁣  olas, hasta que aquellos dos pescadores la atrajeron⁣  con la fija a la chalana.⁣ Y con el mismo respeto que la izaron desde la⁣  chalupa, la alzaron en volandas, como a la virgen,⁣  para llevarla en procesión, con séquito de salmodia⁣  y pétalos de flores, entre suspiros y alabanzas, a lo⁣  largo de la costa, hasta depositarla ante su puerta⁣  donde arreciaron los rezos. - María Gutiérrez