La vi por detrás. Como un cuervo vencido se acercaba al macizo de rosas. Apuntó a las flores con la regadera y el agua le empapó las chinelas. Los perdió a los tres. Murió el viejo y detrás marcharon los hijos. Con los pies mojados cerró la puerta y no volvió a salir. La mañana que se negó a abandonar la cama marchitaban los rosales que secaron cuando ella dejó de comer. La hallamos fría en el lecho en el que amó y parió, sin enfermedad ni diagnóstico. La enterramos junto a ellos. María Gutiérrez
Blog de María Gutiérrez (escritora)

Me mando a mudar, ya. Pero antes déjame darte las gracias por enlazar El oscuro borde. Un saludo afectuoso, JUAN. Tienes colgadas algunas fotos magníficas que me huelen a Lanzarote.
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