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Llueve en La Laguna

Llueve y cuando llueve en La Laguna no te mojas el pelo ni las gafas porque cuando llueve en La Laguna llueve del suelo llueve del revés calladita cala la humedad de la vieja laguna que puja por brotar de nuevo el agua trepa las perneras poquito a poco hasta los labios sin salpicar silenciosa y avanzas ligerita con los pies empapados tras las sotanas San Agustín arriba aterida como perchaba mi abuela por la Calle del Agua. María Gutiérrez
  amanecer  el aliento se funde con la niebla María Gutiérrez

Raíces

  Toda la vida negándome a venir y ahora no quiero irme de la isla. Y aquí estoy, metiendo tiempo, dinero y energía en restaurar la casa donde nació el viejo, y a la que jamás pudo regresar, el pobre, sino en una urna de e porcelana, tanto como deseaba volver a disfrutar de sus pagos. Muerto tan lejos y tan solo. Quiero terminarla, acabarla con mis manos, por él y por mi, por la familia. Transitar los caminos y cercados que recorriera en su juventud y sembrar papas y cosechar fruta, tal como hizo. La ubicación es ideal, en un llano junto a la ladera del barranco, entre cercados, con un patio amplio y empedrado, protegido por el paredón bajo, incólume, donde hace mucho tiempo se sentaron mis abuelos a charlar, y antes los suyos, como hago las tardes calmas, sintiendo el aire fresco del barranco; sin nada alrededor que perturbe la quietud, y con unas vistas incomparables. Desde la puerta arranca el mundo, nada entre mis ojos y el horizonte, detrás la montaña, y a los pies el volcán q...
  tras los cristales  las hojas del guayabo estremecidas María Gutiérrez