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La primera vez que la sentí me incorporé en la cama⁣ como impulsada por una descarga de 220 voltios,⁣ como si me hubieran aplicado un cable pelado al⁣ cuello, y mis orejas de sabueso alerta se pararon⁣
buscando en la oscuridad el origen del susurro.⁣

Jesusa, Jesusa.

Quieta. La nuca erizada. Tensos los músculos, prestos⁣ a saltar. Un estremecimiento me desarma. Es ella.⁣
La siento aproximarse. Ven, mamá, acuéstate aquí⁣ conmigo. Vamos a dormir.⁣

Me embelesó el calor de su abrazo.⁣

Un escalofrío es la señal y en la azotea me trepa⁣ la columna un perenquén de ventosas heladas; un⁣ soplo en el oído en medio del pasillo; un silbido que⁣ se cuela de la calle y me anuncia la merienda.⁣

Jesusa, Jesusa.⁣

¿Eres tú, vieja?⁣ Me alegra que vengas. Así te cuento mientras friego.⁣

Vino. Me acompañó muchas veces aquellos días de⁣ tristeza, de encierros, de miedos escondidos.⁣

Hoy la llamo por la noche mientras duermo. Mamá,⁣ mamá.⁣


𝘔𝘢𝘳í𝘢 𝘎𝘶𝘵𝘪𝘦́𝘳𝘳𝘦𝘻

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