Ir al contenido principal
Eran pobres
Tenía ocho años y murió de susto, dicen. Murió antes de la quema del tifus, cuando muebles y enseres ardieron en la huerta y los niños fueron secuestrados en el Lazareto.
Desde que la encontraron acurrucada bajo el paredón de las charcas dormía sobre el cuerpo de la madre porque se le paraba el corazón cuando dejaba de sentir el suyo. Se estiraba sobre ella, aferrada a su cintura con la orejita pegada al pecho materno, aspirando cada poro el aliento de la mujer. Y sólo a su calor, ahuyentando horrores, se entregaba a un sueño pobre, sobresaltado.

Nada habría ocurrido si ese día amargo no se hubiese separado de la fila de hermanos para acudir a la llamada del croar de las charcas. Quiso verlas de cerca, hinchadas y lustrosas, deslizándose sobre las rocas lisas hasta caer como piedras rompiendo el espejo del agua; saltando y chapoteando en el fango como grandes pulgas acuáticas. Y fue allí, al  pie del paredón donde la encontraron, ora sollozando, ora gritando, entre estertores, desnuda y con los ojos como pequeñas ranitas de San Antonio a punto de estallar. Ya le habían roto el corazón y mientras la devolvían al vientre materno para morir de susto,  el viejo sapo babeante que vigilaba las charcas engullía su almuerzo.


(foto Raúl Díaz (La graja / Flickr)

Comentarios

Entradas populares de este blog

Gafas nuevas

  Se me iban los días inclinada sobre colorines y cuentos de huérfanos extraviados en bosques remotos y hazañas de héroes con espadas; me tumbaba boca abajo en el suelo para contemplar durante horas en el atlas desgastado los países que visitaría de mayor. Acariciaba aquellos pedazos de tierra marrón con la yemita de mi dedo y aparecían las manadas de búfalos pastando en la llanura, que se arrancaban de repente en una estampida ciega, incierta; los pingüinos corriendo hacia el agua sobre la plataforma de hielo; las nutrias gigantes retozando a la orilla del río; las manadas de elefantes atravesando la sabana, a vista de pájaro. Cada vez que lo abría era como abrir la puerta y adentrarme en el mundo. El mundo existía lejos, más allá de las fronteras de la isla. Fuera me esperaban tantas aventuras fascinantes; tantos países que un día exploraría…⁣ Y quería saber más. Y preguntaba, y preguntaba, e imaginaba.⁣ Mi atlas, los colorines, el diccionario, Twain, Verne. Los libros. Las palab...

Pena de muerte

  La vi por detrás. Como un cuervo vencido se acercaba al macizo de rosas. Apuntó a las flores con la regadera y el agua le empapó las chinelas.⁣ Los perdió a los tres. Murió el viejo y detrás marcharon los hijos. Con los pies mojados cerró la puerta y no volvió a salir.⁣ La mañana que se negó a abandonar la cama marchitaban los rosales que secaron cuando ella dejó de comer. La hallamos fría en el lecho en el que amó y parió, sin enfermedad ni diagnóstico.⁣ La enterramos junto a ellos.⁣ María Gutiérrez

Procesión

  Sólo traía mojado el volante de la enagua. No se⁣  atrevió la mar a devorarla.⁣ Ellas habían visto, desde el borde del acantilado,⁣  cómo flotaba sobre las aguas, a la deriva, erguida en⁣  su falda soplada de viento, amapola volteada por las⁣  olas, hasta que aquellos dos pescadores la atrajeron⁣  con la fija a la chalana.⁣ Y con el mismo respeto que la izaron desde la⁣  chalupa, la alzaron en volandas, como a la virgen,⁣  para llevarla en procesión, con séquito de salmodia⁣  y pétalos de flores, entre suspiros y alabanzas, a lo⁣  largo de la costa, hasta depositarla ante su puerta⁣  donde arreciaron los rezos. - María Gutiérrez